"Ríe con cautela, le sobra experiencia.
Así como Hannah, ella alza su vista y le toma la mano.
Vuelve a creer en los ideales. La vida se torna justa en el horizonte"

sábado, 5 de junio de 2010

Dame un poco más, cabrón


Frío y movimiento, crujen mis dedos como apostadores de hipódromo.

- Te perdono - los hago crujir yo, manteniendo la vista gacha.

- Es un arte - replican con gracia un par de vagabundos misteriosos. La botella de vino les acompaña vistosa y su vida continúa desconocida a la urbe.



Qué políglotas suceden las cosas alrededor. Que intervencionistas e intrusas.
Una cámara me apunta directamente la frente, aún ceñida por mis cuestionamientos.
Carcajadas interinas.

- Te perdono y no es fácil la cosa, pero lo hago. - La neura me posee.
- Te respeto, por eso también lo hago. ¿No suena lo suficientemente lindo decirlo así? Que evado las negatividades para quedarme con lo que creo realmente importante.-
En respuesta solo gesticulan, pero miran. Me miran. Los vagabundos siguen allí, ya son cómplices del acto. Meditan con furia y se chupetean los bigotes color uva.

Flash. Ceguera.

- No alcancé a sonreír, hijo de puta. Para que veas cuanto te quiero y aprecio. La mano que se alza y coscachea a la oreja. Mi oreja.
- Escucha, no sólo oigas. El tiempo ha desvíado caminos pero no significan indiferencias - me encaran - Elegiste amar. Elegiste reír. Practica -
Quiero hacer crujir nuevamente los dedos pero ya no responden, hay que esperar media hora por lo menos para que vuelva a surtir el efecto.
Uno de los vagabundos, el barbudo, se echa en el pavimento a dormir la mona. El otro se aparta con aburrimiento de los acontecimientos y cuenta las monedas que puedan rellenar la botella vacía.

- Elegí todo eso, me atengo a las consecuencias.-
- Entonces no tienes nada más que hacer aquí. Sigue viviendo, de eso se trata.- queman los ojos como cuando se ha jugado demasiado a mantener las pupilas dilatadas.
- ¿Consigo algo al perdonar? - pregunto en forma de retirada.
- No hay respuesta - me retiran con antelación.
Gris, blanco y negro, colores. Limbos, metros cuadrados y términos medios.
Lo anoto, que no hay respuesta al perdón. Y avanzo, hasta que desaparecen de esta galaxia.Me siento, retomo mi lectura en la plaza y no me concentro lo suficiente como para prestarle la atención necesaria. Una mujer voluptuosa que entonces pasa sí lo consigue con miradas. Mis dedos regresan de a poco a su posición. Crujen solos y los remato haciéndolos crujir el doble.

- Esperaré la foto en mi correo, tarde lo que tarde.

jueves, 27 de mayo de 2010



¿Perdámonos en el viento?
La única consecuencia es gozar la libertad.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Compulsión excretada

Que gracia evoca Daniela Kovacic, su nariz es respingada y sus ojos grandes, que rica armonía desata su cuerpo delgado y su tez pálida que parece extraída de un cuento de Andersen. Sin embargo, que contraste a ello crea con “Versus”, su obra expuesta en la galería Animal. A ratos parece sacada del viejo cine de terror de Peter Jackson, ese que se encargaba de difundir.el gore a la orden del día desafiando a cualquier estómago incauto. No reniego del éxtasis que pueda provocar en algunas mentes la imagen de una belleza predefinida jugando a lo grotesco y que creo es justamente la palabra clave de la autora para afirmar su obra y el mensaje que intenta transmitir, potenciada en la forma (pintura) en que se ha propuesto exhibir su obsesión.

“Conejo”, tiene el fondo oscuro, como si buscara resaltar la acción plasmada. Y lo consigue, puesto que probablemente sea la pintura de más shock visual de la colección. No es por nada que sea la que tiene secuelas en distintos ángulos que magnifican la intención: Daniela Kovacic ha elegido la pintura como recurso dominante para denotar la exageración e impacto sobre el realismo (o la representación de una realidad) que involucra la fotografía. Aquí la crudeza se presenta como símil de una comida de necesidad diaria, todo vale a la hora de servirse ansiados bocados, semejando también un instinto de caza de la que se apropia el hombre. El fondo negro le hace destacar y le otorga una luminosidad inusitada pero directa. Es lo que estamos viendo, ella se ha metido un conejo desollado a la boca. ¿Por qué? Se genera la pregunta inmediata. ¿Y por qué en uno de los cuadros (el frontal) hay algo de angustia en su mirada? Es difícil descifrar la claridad del mensaje, sin embargo “Conejo” es la que me evoca más sentimientos desde la expresión en el rostro. Busca generar cierta intimidad con el espectador, hacerme partícipe de su causa que me cuesta reconocer, pero relaciono con lo groseramente mostrado y que le acongoja. Por ello creo que resulta la crítica (a lo que comemos y cómo lo hacemos) más expuesta de la autora, la que por cierto da cuenta de estar premeditada en su subconsciente a la hora de plasmar esta relación comida-repulsión en una fotografía que promete instantaneidad y posteriormente enfatizarla gráficamente en una pintura. Una obsesión desde lo cautivo a la imagen. Un vómito retratado.

¿Qué comemos? ¿Qué devolvemos? La pregunta se responde casi literalmente con cada regurgitación que Kovacic manifiesta. Sus labios se pierden en “Tallarines” y da cuenta de lo que parece casi una expulsión de entrañas. La autora se está sacando algo afuera, y lo que se tiende a eliminar muchas veces es algo que no nos gusta o nos perturba, lo que puede ir más allá del sabor y concentrarse en lo que nos causa un malestar. Existe algo que le aflige y aunque a ratos cuesta ver la claridad del mensaje, si se relaciona directamente con el denominador común de la exposición: la alimentación. De ahí en adelante la interpretación a la que me encauso: la nutrición humana diaria, y cuán sabroso es lo que nos echamos a la boca y lo que nos genera ello por el resto del tiempo. Si se relaciona directamente la comida con nuestra forma de vida a veces carnívora, dulce, agria o salada.



Multiplicidad de sabores a la hora de elegir. Están los salados y los dulces, están también los que se siente con textura en el paladar y aparte de sabores dinámicos desprenden jugos que chorrean placenteros por las papilas gustativas. He ahí una potencialidad en que la obra de Kovacic sea representada en pintura, las texturas y su relación con el color dinámico. Los rojos son rojos casi sangre (“Mermelada de mora”) pudiendo ver y tocar las porosidades y pepas de tan suculento manjar que la autora muestra en pose casi mesiánica y pasional. También, los amarillos de “Pastel” que el óleo representa con falsedad (como lo que se come y que no se sabe si es lo que dice ser) y que fulmina con esa expresión de “ya no quiero más” con los ojos desorbitados. Un logro.

Diez obras que se nos presentan con una herramienta espejo. Es decir, la expositora se ha fotografiado realizando cada escena que vemos. Proceso previo que otorga a la pintura final un valor agregado significativo, puesto que lo que vemos finalmente es una transmisión del retrato a través de distintos formatos como herramienta. No estamos viendo la representación de la realidad expuesta por Kovacic, esa en que se plasma comiendo y devolviendo alimentos, sino una re-representación de la misma.
Y en este caso, quizás no una re-representación que busque la complacencia a gusto del espectador sino que genere a través de lo grotesco esa repulsión e inquietud por saber qué busca exponer la autora con tal flujo.
Más que interesante tríptico (mente-foto-pintura) y que en formato de nombre “Versus” y la modalidad de auto-retrato confronta a la misma Daniela Kovacic consigo misma y que pese a mi parecer a que quizás no clarifique el mensaje sugerido si deja abierta su interpretación con la libertad de saber que todos tarde o temprano tenemos algo que decir y expulsar, por interno o preestablecido en la mente se encuentre. Una excreción de lo que nos obsesiona.

jueves, 1 de abril de 2010

Know your Role

Preciosa. Su belleza radiante dejó mudo a todos los que detuvieron su camino para admirarla.
Incluyéndome en la contemplación, levanté camino decidido a hacerme notar. Algo así como conductas primates que surgen en el hombre. Un par de pelos que entregan ese coraje esperado para resaltar.
Ella cruzaba la calle y tomé violéntamente su mano jalándola hacia mi.
Perdida en el equilibrio, se apoyó en mi chaqueta y me dedicó una mirada de odio mezclada con repugnancia.
Justifiqué involuntariamente mi arrebato, cuando justo al momento de quitarla del andén, un camionero demente pasó ciego al semáforo.
Con el ego acrecentado, la dejé libre. Somos los buenos, le dije al oído. Y aunque la cachetada me otorgó más risa que dolor fue suficiente para entender la indirecta de que no era necesario allí. Las viejas presentes me miraron con símulo de indecencia.
Minutos después, una carcajada estridente inundó el lugar. Ya era un villano de tomo y lomo.

sábado, 27 de marzo de 2010

Hay risas

El abuelo y su nuevo aparatito musical. Es un regalo de su ahijado, digital, de los nuevos. Con sus piernas tiritonas acarrea el pisito para instalarse.
Se ha sentado en las afueras de la casa a contemplar toda la cuadra. Le sonríe a la gente. A las muchachas buenas mozas les piropea. Ya lo conocen, coqueto, viejo zorro. Las arrugas le otorgan sombra a su cara bonachona, panorama injusto a la alegre juventud que demuestra, lo que no significa que no esté cansado. Son años de historia, abuelo. Calvicie otorga, hace memoria.
Isidora que se acerca para mostrarle su peluche nuevo. Juega un ratito cerca y dibuja con tizas en la acera. El viejo que mira. El viejo que le sonríe. La niña se marcha, la tarde que se disipa.
Hay una canción que le sigue dando vueltas en la cabeza. La música cargada en el aparatito se repite, es sólo una y a su vez es suficiente. Se acuerda de su vieja y de los hijos y se contenta con recordar que cada uno emprendió su mejor camino. Parte del legado que construyó con orgullo y que hoy le relaja tranquilo. Levantarse del pisito se convierte en un baile y dos saltos posteriores le convierten en un maestro del luche dibujado en la vereda. Las buenas noches a la calle y el viento que le quiere volar el gorro. Temple de anciano en respuesta, sujeta con coraje de mártir la prenda y emprende el camino de regreso. Algunos días más largos y otros que le regalan brevedad y descanso. Ese letargo que busca calmo y con disposición paciente. Los sueños que lo acogen y los sueños que lo terminan.
Cantando, "si a veces estoy triste mi derecho a llorar, te lo sacrifiqué. Pero ante ti existo, gano el premio mayor. Cada noche nacer."
Hay risas.

jueves, 18 de marzo de 2010

Añoranza de aquellas


Las memorias quedan y olvidar es un lujo imposible de entregar.
El contraste exquisito de la experiencia.
Se sienta a esperar.
Espera volver a encandilarte.